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EL CABALLO DE CRISTAL - CUENTO 29 - CAP 29

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 El caballo de cristal que estaba colocado en la mesa de centro de la sala se cayó. Se hizo trizas. La única parte que no se rompió fue la cabeza. La cabeza del caballo rodó hasta el centro de la sala. Era pequeña pero brillaba con la luz del sol que entraba por la ventana. Nadie se percató que la cabeza yacía sola ahí, en medio de la sala. La empleada recogió todos los restos del caballo, sin embargo, la cabeza parecía invisible a los miembros de la familia y a la empleada. Pero la familia que vivía en esa casa de pronto decidió mudarse, abandonar la casa de un día para el otro. Hubo cajas y cajas de mudanza, cientos de personas pasando por la sala y nadie se daba cuenta de la cabeza del caballo. Entonces, luego de algunos días la casa quedó vacía. Ni una sola caja de mudanza, ni una silla, ni un mueble ni nada. Lo único que quedó fue la cabeza del caballo que desde un rincón de la casa, observaba el mundo. Sola y abandonada. No tardó en llegar el invierno y con eso las lluvias y ...

EL HOMBRE, LA ARAÑA Y EL TIEMPO - CUENTO 28 - CAP 98

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Sonó la alarma de mi despertador pero aún era de noche. Qué extraño, son las… nueve de la mañana y aún no sale el sol. Quizás mi despertador se está malogrando. Sí, eso es probablemente. Mi celular lo dejé en la sala y no me quiero levantar, tengo sueño. José pensaba en dormir un poco más pero se levantó. Vió por la ventana y se dio cuenta que aún era de noche. Pero algo estaba diferente, algo raro sucedía. No era el mismo día. Era de noche pero del día siguiente. Se dio cuenta por su celular. La fecha en el celular estaba adelantada. Pensó que ahora, su celular era el que estaba malogrado. Se sentó en la sala, en el sillón y reposó su cabeza en el respaldar, mirando al techo. Se dio cuenta que una araña pequeña estaba balanceándose sobre su cabeza. Alzó la mano, la sostuvo entre sus dedos. La observó detenidamente. Tenía la sensación de que lo estaba mirando. Se acercó y observó que se movía su boca, los quelíceros, de forma asimétrica. Parecía que hablaba. Cuando estuvo verdaderament...

LA IGLESIA MEDIEVAL DE NÚMEROS Y MEDITACIÓN - CUENTO 27 - CAP 43

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 Abrí el libro de matemáticas pero lo cerré inmediatamente. No tenía ganas de pensar en números ni ecuaciones. Estaba cansado por haberme quedado hasta tarde estudiando el día anterior. En la mesa, de forma extraña, el libro de meditación estaba esquinado, no alineado, sobresalía por sobre el resto. Como si estuviera puesto ahí para que lo tome en cuenta. Y eso fue lo que hice. Lo sostuve en mi mano, escogí una página al azar, y me dije, si las primeras palabras que lea son interesantes, tomo un rumbo diferente en mi vida.  “… la intensidad equivale, como lo dijimos anteriormente, a situaciones perplejas relacionadas con la metafísica y el direccionamiento eventual del pensamiento positivo…” No me dice nada. No entiendo, mejor escojo otro libro, lo dije en voz baja, sin embargo, continué leyendo. “…el cual coincide con la verdad absoluta, que de absoluto no tiene nada y de verdad tampoco, por ende, la distrofia cognitiva, intensificado por la regularidad en la idea multilingui...

SOÑANDO CON UN MUERTO Y UNO QUE NO RESPIRA - CUENTO 26 - CAP 22

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 Soñé con un muerto, y con otra persona que no respiraba. El muerto estaba tendido en el suelo. La persona que no respiraba descendía del cielo, como si levitara, envuelto de un resplandeciente velo de vapor, como si su aura estuviera prendida en llamas invisibles. Todo estaba nublado, borroso, era difícil distinguir entre el noche y el día. El muerto yacía inerte con los ojos cerrados. La persona que no respiraba no tenía nariz ni boca pero sentía que se comunicaba conmigo, que me hablaba, que me decía que todo iba a estar bien, que era mi cuerpo el que estaba ahí, acostado y que ahora debía seguirlo hacia la luz. Tengo miedo, no debería de sentir miedo si estoy muerto, pensaba. No recuerdo nada. Qué pasó, por qué no reconozco mi cuerpo, ese soy yo? No quiero irme de este mundo, despierta, despierta, ¡despierta!

EL ESPEJO Y LOS DIENTES - CUENTO 25 - CAP 98

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 Cuando se vio al espejo, apenas pudo ver su rostro porque lo que más le llamó la atención, fue que tenía la boca abierta pero lo raro no fue el ver que todos sus dientes se le caían, sino que no le causaba repulsión. Veía de manera inerte cómo uno a uno se le caían los dientes en la palma de su mano. Sin sangre, sin dolor. Sólo la sensación de piezas dentales tocando su mano. Seguidamente, empezó a sudar frío. Sintió su boca vacía, con hoyos profundos. Su corazón empezó a latir fuerte, una sombra rodeó su cuerpo. Olía raro, extraño, a guardado. La habitación estaba oscura, fría pero sudaba, sudaba de miedo, de temor. Parecía que la muerte había entrado por la ventana. Que la acechaba. Que la observaba desde cerca. Aguantó la respiración mientras decía una palabra una y otra vez: gracias, perdón, perdón, perdón…

EL PESCADOR DE OLAS - CUENTO 24 - CAP 11

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El bote de José divagaba por el inmenso mar, perdido entre las olas y el horizonte. Habían pasado muchas horas desde que el motor del bote se había fundido. Una pequeña estela negra de aceite del motor tintaba el agua. Parecía que los últimos días de José estaban llegando. La noche estaba cerca y el frío también. José sólo vestía un polo blanco, ya manchado por su constante trabajo, unos shorts y sandalias negras, nada más. Su celular se había descompuesto y lo había dejado con su vecino, que hace mantenimiento de celulares. Su reloj lo tenía puesto pero sólo de adorno, pues ya no funcionaba, pero los colores anaranjados y verdes, según José, atraían a los peces. José se recostó en el bote, miró el cielo, las estrellas empezaban a asomar. Pensó: necesito tener más días como estos, de pausa, para relajarme. Cerró los ojos y se quedó dormido. Dos días después, encontraron su bote pero José no estaba. Desapareció esa noche, entre las olas y el horizonte. 

EL OSO DE PELUCHE DE FUEGO - CUENTO 23 - CAP 39

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 El oso de peluche que le regaló la novia de José olía raro, diferente. El olor a húmedo, guardado, salado, mohoso, le recordaba a los animales salvajes que divagan por el bosque, en los Alpes suizos. Sin embargo, lo guardaba cuidadosamente en su cuarto, en una esquina superior de una repisa. Un poco empolvado, se mantenía sentado, incólume, mirando al frente como si estuviera custodiando la habitación.  Un día, luego de que José invitara a algunos amigos a su casa, prendieron algunas velas, inciensos y practicaron un ritual oscuro, secreto. Al finalizar con el culto, dejaron algunas velas prendidas. Los inciensos sí los apagaron pues la madre de José es sensible a los olores fuertes. Los amigos de José se retiraron a sus casas, José se quedó dormido leyendo el cuento de Edgar Allan Poe “el corazón delator”, insistiendo en que es imposible que un corazón tenga tal poder ante el asesino. Reflexionando sobre el tema, olvidó apagar las velas. Dos de las 66 que habían prendido se ...