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EL RELOJ Y EL CELULAR - CUENTO 31 - CAP 81

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 El tío de José encontró un reloj muy peculiar en el asiento trasero de su auto. Él era taxista y en su auto, al final del día, encontraba los objetos más diversos desde comida como verduras o una lata vienesa de caviar proveniente del Mar Caspio, hasta celulares de alta gama. Pero este reloj, que encontró aquella tarde de abril en la parte de atrás de su carro, contenía colores llamativos y olores extraños también. El tío de José, muy extrañado cogió el reloj y se lo metió al bolsillo. Por la noche, llegó a la casa de su sobrino para comentarle sobre su reloj. Metió la mano en su bolsillo derecho y lo sacó. Al sacarlo activó casualmente un botón el cual hacía que el reloj emitiera una luz verde intensa. Ambos se asustaron, y el tío de José soltó de manera automática el reloj. Cayó al suelo pero no se rompió. Al contrario, creció, se transformó. Al mismo estilo de la película “Transformers”, se transformó en un elegante celular. Se prendió y entró una llamada. El sonido empezó a in...

EL PESCADOR DE OLAS - CUENTO 24 - CAP 11

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El bote de José divagaba por el inmenso mar, perdido entre las olas y el horizonte. Habían pasado muchas horas desde que el motor del bote se había fundido. Una pequeña estela negra de aceite del motor tintaba el agua. Parecía que los últimos días de José estaban llegando. La noche estaba cerca y el frío también. José sólo vestía un polo blanco, ya manchado por su constante trabajo, unos shorts y sandalias negras, nada más. Su celular se había descompuesto y lo había dejado con su vecino, que hace mantenimiento de celulares. Su reloj lo tenía puesto pero sólo de adorno, pues ya no funcionaba, pero los colores anaranjados y verdes, según José, atraían a los peces. José se recostó en el bote, miró el cielo, las estrellas empezaban a asomar. Pensó: necesito tener más días como estos, de pausa, para relajarme. Cerró los ojos y se quedó dormido. Dos días después, encontraron su bote pero José no estaba. Desapareció esa noche, entre las olas y el horizonte. 

BUSCANDO A MIS HERMANAS - CUENTO 15 - CAP. 37

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¡María, Juana, Berenice, Fernanda! ¿Dónde están? Preguntó José Luis con voz desesperada, agitado, sin poder casi respirar. Las buscaba por toda la casa y no las encontraba. Parecía que la casa se las había tragado con zapatos y todo. Buscó en la cocina, en los dormitorios, en la recepción, en el garage, hasta en el techo. No las encontraba. Bajó de nuevo a la sala, en donde se encontraba su piano de cola. Se sentó en el banquillo, abrió la tapa y se puso a tocar su sinfonía favorita de Beethoven. Tocó y tocó el piano por horas, esperando que sus hermanas llegaran. Nunca aparecieron.