EL ESPEJO Y LOS DIENTES - CUENTO 25 - CAP 98
Cuando se vio al espejo, apenas pudo ver su rostro porque lo que más le llamó la atención, fue que tenía la boca abierta pero lo raro no fue el ver que todos sus dientes se le caían, sino que no le causaba repulsión. Veía de manera inerte cómo uno a uno se le caían los dientes en la palma de su mano. Sin sangre, sin dolor. Sólo la sensación de piezas dentales tocando su mano. Seguidamente, empezó a sudar frío. Sintió su boca vacía, con hoyos profundos. Su corazón empezó a latir fuerte, una sombra rodeó su cuerpo. Olía raro, extraño, a guardado. La habitación estaba oscura, fría pero sudaba, sudaba de miedo, de temor. Parecía que la muerte había entrado por la ventana. Que la acechaba. Que la observaba desde cerca. Aguantó la respiración mientras decía una palabra una y otra vez: gracias, perdón, perdón, perdón…