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EL DUENDE DE MONTAÑA QUE ATRAPÉ EN MI COCINA - CUENTO 40 - CAP 91

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 Atrapé a un duende de montaña. Era parecido a una persona, al menos eso parecía, con un rostro de anciano pero muy ágil y muy pequeño, apenas unos centímetros de alto, orejas puntiagudas, robusto y con la piel cubierta de polvo. Corría muy rápido. Me costó mucho atraparlo pero al final lo logré. Lo tengo prisionero en un frasco de vidrio. Algunos de ustedes dirán, pero qué inhumano (a pesar de que no lo es) o quizás qué macabro acto de perversión, sin embargo, lo que sucede es que aún no les he contado qué pasó. Probablemente nunca lo sepan pero fue la peor experiencia que tuve en mi vida. Lo único que puedo decirles fue lo que sentí. Apenas sucedió la terrible experiencia metafísica, originada por este duende de montaña, se me escarapeló el cuerpo, la piel se me tornó roja por el calor y las manos me sudaban tanto que me era difícil sostener algo. El corazón empezó a palpitar de manera exagerada, intensa, casi colapsa. Las venas de mi cuerpo empezaron a hincharse y me sentí marea...

EL DUENDE Y LA VELA - CUENTO 8 - Cap 200

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 Encendí la vela. La coloqué en mi escritorio. Mi escritorio era cuadrado, de madera y su color era color madera también. No tenía mucho tiempo para cumplir con mi tarea de la escuela porque la vela era pequeña. Tenía tarea de matemáticas. Odio las matemáticas. Mi perro se posó en mis pies. Los calentaba. Tenía un poco de frío. Mi perro, no yo. Puse un poco de música mental. En mi mente sonaba la sonata de Beethoven, aquella popular que tiene nombre de esperanza, ah no, perdón de Alegría. Empecé. Cuatro elevada a la potencia de… uy no, tengo que apagar la vela, no se vaya a despertar el duende que vive conmigo. Soplé la vela. La vela se apagó. Hola, dijeron desde el fondo de la habitación. Se escuchó un gruñido de mi perro y luego silencio. No escuché nada más hasta la mañana siguiente. Amaneció y mi perro ya no estaba. Nunca más apareció. Hasta pronto Bobby. Nos vemos pronto.