EL CABALLO DE CRISTAL - CUENTO 29 - CAP 29
El caballo de cristal que estaba colocado en la mesa de centro de la sala se cayó. Se hizo trizas. La única parte que no se rompió fue la cabeza. La cabeza del caballo rodó hasta el centro de la sala. Era pequeña pero brillaba con la luz del sol que entraba por la ventana. Nadie se percató que la cabeza yacía sola ahí, en medio de la sala. La empleada recogió todos los restos del caballo, sin embargo, la cabeza parecía invisible a los miembros de la familia y a la empleada. Pero la familia que vivía en esa casa de pronto decidió mudarse, abandonar la casa de un día para el otro. Hubo cajas y cajas de mudanza, cientos de personas pasando por la sala y nadie se daba cuenta de la cabeza del caballo. Entonces, luego de algunos días la casa quedó vacía. Ni una sola caja de mudanza, ni una silla, ni un mueble ni nada. Lo único que quedó fue la cabeza del caballo que desde un rincón de la casa, observaba el mundo. Sola y abandonada. No tardó en llegar el invierno y con eso las lluvias y la humedad. Las ventanas abiertas de la casa abandonada crearon que la humedad se impregnara en el suelo de madera. El moho empezó a crecer y empezó a recorrer todo el suelo. La cabeza del caballo aguardaba a que el moho la cubriera, pero no lo hizo. El moho rodeó la cabeza, la elevó del suelo y le dio una forma peculiar. Como si el moho se hubiera puesto de acuerdo con el ADN de la cabeza del caballo y recreara su cuerpo con cuatro patas, una cola y un lomo musculoso. Fue así como la cabeza del caballo revivió con el moho, cobró vida y se empoderó de la casa. Fue así como la cabeza del caballo tuvo vida propia. De nuevo, volvió a nacer pero sola, en medio de la casa por muchos años permaneció así, como un ente alejado del mundo, hasta que el sol la derritió en algún momento de la civilización del ser humano.

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