EL TIGRE DIENTES DE SABLE - FÈVE - FRANCIA 1992
La fève
La encontré dentro de un pastel, hace muchos años, en una ciudad llamada Le Puy en Velay, Francia.
Navidad, o quizá ya enero.
En ese tiempo impreciso que rodea a la Épiphanie, cuando los días todavía huelen a sobremesa y a azúcar.
No recuerdo exactamente quién estaba a la mesa ni qué se dijo después.
Solo recuerdo el gesto: partir el pastel, morder, sentir algo duro entre los dientes.
Y entonces, la revelación.
Una fève.
Pequeña. De cerámica.
Hermosa, distinta, graciosa.
En la base, una palabra: SMILODONS.
Año 1992.
Según la historia, antes fue una haba seca.
Luego, una figurita escondida en la Galette des Rois, ese pastel que decide por azar quién será rey o reina por un día. Una corona de cartón, una risa breve, una tradición que dura lo que dura la tarde… y, sin embargo, permanece.
La mía representa a un animal extinto: el tigre dientes de sable.
Algo que ya no existe, atrapado en porcelana.
Tal vez por eso la guardé.
Tal vez porque también uno guarda lo que no entiende del todo.
Hoy la sostengo entre los dedos y no pienso en el juego, ni en el pastel, quizás en Francia. Pero en lo que realidad pienso es en el tiempo. En cómo algunas cosas desaparecen y otras quedan, diminutas, silenciosas, esperando ser recordadas.
Hay objetos que no sirven para nada práctico.
No dan la hora.
No cortan.
No iluminan.
Solo recuerdan.
Y a veces, eso basta.
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