EL PERRO DIOS - CUENTO 43 - CAPÍTULO 166
Olía a quemado. El olor a madera quemada se mezclaba con el olor a piel quemada. La combinación era notable. Todo se podía percibir y ver por mi ventana. Los restos grises de los objetos quemados se veían a simple vista. El primer piso del otro edificio estaba negro completamente con tonos grisáceos en la parte superior de cada objeto grande, como si hubiera acaecido la mayor parte del fuego en esa zona. Era muy fácil divisarlo pues me encontraba cerca del lugar. Un enorme incendio terminó con la vida de muchas personas. No obstante, los únicos sobrevivientes fueron las mascotas. Cuatro gatos, tres perros y un par de pericos australianos. Los gatos estaban apenas con los bigotes chamuscados, algunos perros con el hocico quemado y los pericos intactos. Es mas, sus colores brillaban por sobre todo el lugar oscuro y maloliente. Dias después de lo sucedido, luego de que los bomberos rescataron a las mascotas, todas se fueron muriendo lentamente. Como si hubieran encendido un fuego dentro de ellos, en su vientre, hasta quedar calcinados por completo. Excepto un perro grande y blanco. Aquella mascota empezó a crecer y crecer de manera incontrolable. Luego de los dos metros de alto, algo en verdad impresionante, las personas empezaron a rendirle culto. Aparecieron estatuas en las calles importantes de la ciudad. Oraciones dedicadas al perro grande y blanco, aun sin nombre. Hasta que un día empezó a disminuir su tamaño y quedar de tres milímetros. Dias después, quitaron las estatuas, olvidaron las oraciones y todos volvieron a su vida normal, sin perros dioses.

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