EL ACCIDENTE DE LA ESCALERA - CUENTO 41 - CAP 26
La señora que vive en frente de mi casa, tuvo un accidente trágico. Mientras subía por las escaleras de ángulo para cambiar el foco de la entrada de su casa, que por cierto ilumina mágicamente la puerta de madera tallada por carpinteros venezolanos, su pie derecho resbaló, el izquierdo también, su cuerpo también se resbaló por los pequeños peldaños hasta caer de cabeza al piso. Su cabeza rebotó en la acera. Su cuello se dobló para atrás, la barbilla sufrió serias lesiones, las piernas tuvieron desgarramientos, sus huesos se partieron en dos, cada uno de ellos. El dolor era intenso. A pesar de todo lo sucedido, la señora pudo recostarse sobre la pared. Fue entonces cuando vio una luz muy brillante delante de ella. Parecía el faro de un camión, por lo potente de la luz. Sin embargo, la luminiscencia provenía de la nada. Apareció de la nada y la comenzó a bañar con su potente resplandor. Escuchó una voz diciendo: “siente la luz”, “ya estás curada”, “cierra los ojos”, “debes de agradecer”. La señora obedeció al pie de la letra. Minutos después recobró la conciencia. Se dio cuenta que estaba echada en el suelo. ¿Fue un sueño? Miró a los costados y vio la escalera de ángulo tirada al lado de ella. Trató de levantarse. Pensó: Si no me paro, entonces significa que me partí todos los huesos. Intentó por segunda vez, y pudo sentarse. Colocó sus manos en el piso, se impulsó con sus brazos y se levantó. Se sentía un poco adolorida pero estaba bien. Podía caminar, flexionar sus brazos y piernas sin dificultad. Se quedó parada pensando en lo que había sucedido. Un señor que pasaba por ahí se acercó y le dijo: ¿está bien? No se levante, voy a llamar a una ambulancia! La señora le dijo que no, no era necesario, estaba bien. El señor insistió, pues había visto la caída y había pensado que estaba muerta por el gran golpe que se dio. Pero nada, no pasó nada. La señora estaba bien. Se sentía bien solo un poco adolorida. El señor siguió su camino. La señora recogió la escalera, se volvió a subir, cambió el foco que iluminaba de manera impresionante su puerta tallada de madera y entró a su casa. Los siguientes días continuaron de manera normal hasta el día de hoy, en que la señora sigue viviendo al frente de mi casa.

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