LA JOVEN DE LA CHIMENEA - CUENTO 38 - CAP 10

 Se acercó lentamente a la chimenea porque sentía un poco de miedo. La cabaña había estado abandonada por tres años pero se sentía dentro de la chimenea un calor intenso. Además, estaba vacía, no había leña, ni carbón ni nada. Estaban las huellas de haber sido una chimenea muy activa. Ondas negras dentro de ella como si lenguas de fuego hubieran activado una hermosa velada romántica en esa vieja cabaña. Cuando la joven se sentó al lado de ella, el calor se intensificó. No emitía ningún tipo de luz tampoco. El aire guardado recorría el lugar y el polvo aguardaba a ser recogido pues habían cúmulos en las esquinas y paredes. Luego de unos minutos, la joven observó que dentro de la chimenea una pequeña vela empezaba a nacer de la oscuridad y a emitir un calor imponente. Se veía débil por fuera pero tenía una magia especial, un poder especial. La joven acercó sus manos para calentarse. Puso sus palmas en dirección al fuego para sentir el calor directamente, pues la temperatura había bajado considerablemente los últimos días. De pronto, escuchó un sonido. No era la leña que se partía por la brasa, porque no había leña, pero los ruidos eran parecidos. Poco a poco, esos sonidos empezaron a sonar como palabras. Palabras ininteligibles al comienzo que con el pasar de los minutos se convirtieron en palabras y estas a su vez en frases. La joven no se movía. Estaba atenta a lo que sucedía, a lo que escuchaba. 

“Hija de Ernesto y Sofía, no temas, he venido a ayudarte”.

La joven se quedó paralizada. Al principio no creía pero cuando se dio cuenta que los nombres en realidad pertenecían a sus padres entendió que lo que tenían ahí era interesante. 

“Venimos de muy lejos, de otros tiempos. Las galaxias se juntaron de manera coordinada para coincidir con este momento. Tenemos un mensaje importante para ti”.

Cuando la voz extraña pero familiar al mismo tiempo terminó de decir esto, cogió su celular, abrió la aplicación de grabadora y empezó a grabar. Su mano temblaba un poco pues sentía que iba a ser algo importante. No sabía lo que venía, sólo sabía que iba a ser algo importante. 

“Paciencia, ten mucha paciencia. Ese es tu destino.”

Cuando escuchó la palabra “paciencia” entendió todo. Su vida profesional, su vida personal, todo comprendía con esa simple oración. A partir de entonces, aplicó la paciencia antes los más difíciles retos. Comprendió que la paciencia aguardaba ahí, al final de cada acción. 



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