LA HORMIGA NEGRA EN EL JARDÍN - CUENTO 35 - CAP 51
El jardín de mi casa no es grande, al contrario, con dificultad puedo dar unos tres pasos dentro de él. Sin embargo, habitan una gran variedad de plantas como: Lavanda, Romero, Salvia, Menta, Tomillo, Caléndula, Manzanilla, Crisantemo, Albahaca, Ruda y con respecto a los insectos en su interior no podían faltar: Abejas, Mariposas, Escarabajos, Mariquitas, Avispas parasitarias, Polillas, Abejorros, Hormigas, Moscas sírfidas, Mosquitos (repelidos a veces por crisantemos). Sin embargo, un día todo desapareció. Ninguna lavanda, ni tomillo, ni manzanilla y mucho menos escarabajos ni polillas. El único insecto que había quedado como llanero solitario en el desierto era la hormiga. Pero no era una hormiga cualquiera. Era una hormiga oscura, negra. Antenas negras, patas negras y cuerpo negro. Todo negro. Aquella hormiga parecía que disfrutaba de la soledad, pues se le veía recorrer el jardín de arriba a abajo, de izquierda a derecha con soltura, como si una sonrisa dibujara sus antenas (no puedo decir labios porque no tiene). Además, no eran varias hormiga, era solo una. Era grande, pesada pues dejaba rastro al caminar, dejaba huella. De pronto, un día, empezó a hacer un pequeño agujero en el jardín. Como si aquel escondite reflejara su personalidad austera pero ostentosa al mismo tiempo. Como si quisiera reflejar seguridad pero timidez también. Hasta que vino la lluvia, una lluvia intensa. Empezó como cualquier lluvia pero luego de cinco minutos la lluvia se volvió en una lluvia torrencial. El jardín se inundó, el agujero de la hormiga también. Parecía como si la hormiga estuviera luchando por sobrevivir. Nadaba en los grandes charcos, lentamente, pero se movía de un lado a otro. Sin embargo, no sobrevivió. Su cuerpo quedó tendido en medio del jardín. Después de un minuto de quedar sin vida, el jardín volvió a florecer. Los insectos volvieron a habitar el jardín como si nada hubiera pasado. Las avispas, los abejorros y las abejas entraron de nuevo a revivir el espacio. La caléndula, la albahaca y la ruda crecieron vigorosos y verdes, muy verdes. Finalmente, todo volvió a la normalidad. Como siempre, como el comienzo, eso sí, sin hormigas.

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