EL CABALLO GANADOR Y EL ANCIANO APOSTADOR - CUENTO 34 - CAP 80

 La apuesta al caballo de melena roja fue increíble. Todos tenían el mismo presentimiento y la misma corazonada. Sabían que aquel caballo ganaría. No había ninguna duda. Desde el más inexperto hasta el más veterano en apuestas sabía el desenlace. Todos habían visualizado de manera casi instantánea que aquella tarde de Derby, el caballo de melena roja ganaría la carrera. Pero qué extraño, pensó un anciano que pasaba por ahí y se detuvo frente a la casa de apuestas. Supuso que era un error, pues al ver en la pantalla de favoritos, todos, el cien por ciento de los apostadores daban como ganador a aquel cuadrúpedo. Y por qué no, se dijo a sí mismo dándose valor para retirar de su billetera un billete de diez soles. Los únicos que le quedaban luego de una larga jornada de trabajo pidiendo limosna. Señorita, ponga diez soles al caballo de melena verde, aquel que paga cien mil. Sí, sí, estoy seguro. Que le estoy diciendo que estoy seguro señorita, no, no, no quiero el de melena roja, quiero apostar al de melena verde. Minutos después, ya con el billete en la mano, se puso a pensar: creo que he cometido el peor error de mi vida. Me quedaré sin comida, y encima tendré que ir caminando hasta mi casa, porque no guardé para mi pasaje. Mientras pensaba, la carrera empezaba. El anciano no quiso ver la pantalla. Se colocó exactamente de espaldas al monitor de la casa de apuestas. Entendía que si alguien salía contento de ese lugar, era porque él había perdido. Y sin más delicadeza, el comentarista anunció al ganador. Es histórico señores y señoras, el caballo de melena roja ha quedado en segundo lugar, seguido del caballo de melena amarilla, seguido también por el caballo de melena azul. El anciano hasta ese momento no se había dado cuenta de que su caballo, el de melena verde había sido el ganador. Hasta que el local quedó vacío, fue ahí que se acercó a la caja, acercó su boleto y la señorita le dijo: felicidades! Ha ganado doscientos mi soles! El anciano con una lágrima en el rostro le dijo: señorita, solo cien mil, los otros cien mil se los dejo. Gracias. Y se retiró con su cheque en el bolsillo. Llamó por teléfono a su esposa y le dijo: querida, hoy celebramos. Somos millonarios. 



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