PERDIDO EN EL ESPACIO - CUENTO 9 - cap 112
Eran las diez de la mañana. Ya había tomado desayuno y sólo me faltaba mi siesta de la mañana. Me sentía lleno y con sueño. Me eché en mi cama. Mi cama estaba fría pero suave. Apoyé mi cabeza en la almohada. La música jazz que había puesto en mi radio estaba perfecta. Respiraba un aire fresco que calmaba mi mente. Me eché boca arriba, miré el techo. El techo era blanco, perfectamente blanco. Sin ninguna imperfección. Sentí un adormecimiento en mis brazos. Las manos las sentía frías. Los pies también. Ahora las piernas se me adormecían. El estómago, el pecho y los hombros empezaron a sentirse pesados. El cuello, la nuca se sentían helados, más que de costumbre. Mi cabeza empezó a sentir un dolor intenso en la parte derecha superior que recorría hasta el cuello. Me hizo cerrar los ojos. Mi cuerpo se estremeció. Se me erizó la piel. Caí desde un precipicio, bueno, al menos eso fue lo que sentí porque mi cuerpo seguía inmóvil en la cama. Abrí los ojos y me vi echado, con mi misma ropa, con los brazos y piernas estiradas. Ahí estaba yo, parecía dormido, muerto. Pero no lo estoy, estoy acá arriba, en el centro de la habitación. Flotando. Levitando de manera sencilla, natural. Respirando la nada. Escuchando un silencio plano. Sintiendo de nuevo que me caigo en el abismo. Sintiendo un vértigo exuberante, relleno de temor, ira y miedo. Cerré los ojos y volví a despertar. Abrí los ojos y ahí estaba, en mi cuarto, en mi cama tibia. Esperando que pase el tiempo para perderme de nuevo en mis pensamientos, en el espacio, en el tiempo.

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