Una ventana de un departmento



Un departamento se balancea por la cuerda floja del asfalto que finge una y otra vez estar debajo de él.
Un precipicio al acercarse a la ventana, desde donde se puede oler la fragancia del tráfico y del semáforo que se siente solo, ahí, colgado por un alambre sin gracia, negro y frío.
Un estupor de viento se enfurece con los ladrillos, como si el cemento fuera de algodón de azucar dentro de un aprendiz de juegos.

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